El Hombre de Acero: la crítica.

Tras su espectacular campaña de marketing y su bombardeo continuo a través de la redes sociales, dosificando las dosis de material en pequeñas y calculadas dosis, estaba más que cantado que poco tardaríamos en ir a ver en masa Man Of Steel. Y las reacciones no se han hecho esperar. Podemos afirmar, sin quedarnos cortos, que se ha convertido en tan solo una semana en el Prometheus del 2012, siendo una cinta que, por su enfoque y por su nuevo punto de vista del personaje, no deja indiferente a nadie que la ve. ¿Y mi punto de vista? ¿Mi particular opinión como fan del superhéroe que me ponía toallas en la espalda cuando tenía 5 años? Creo que nos encontramos ante una película con muchos aciertos pero, a su vez, con un gran fallo que es capaz de echarlo todo por tierra.


Podríamos decir que Superman es uno de los mayores iconos de la cultura popular del pasado siglo, por no decir el que más. Desde que se publicase su primer cómic en 1938, todos los países hemos terminado reconociendo los símbolos que tanto caracterizan al personaje, incluso identificándonos con él en muchos aspectos. La lucha por la verdad, por la justicia y por la defensa del american way of life, todo ello metido en una batidora con sus correspondientes referencias judeo-cristianas. Tan reconocible es, que para esta nueva entrega, no hacía falta titularla como Superman, bastaba con solo la S para que todos supiésemos con quién íbamos a lidiar en el cine en 2013. Cuando apareció la noticia del nuevo proyecto, que iba bautizado por el mismísimo Nolan, no pude recibirlo con los brazos más abiertos, puesto que sería apadrinado por el papá del último Batman. Esta ilusión se me fue por tierra en cuanto vi el primer trailer, que nos estaba vendiendo una mezcla de Gladiator con El Árbol de la Vida. Pero poco a poco fui cogiendo confianza de nuevo en el proyecto, ¿por qué? Porque Superman, al contrario que Batman, debe representar la luz y todo lo bueno de Estados Unidos; Bruce Wayne es un hombre que se pone una careta para luchar por la justicia mientras que Superman es otro hombre que debe quitarse su careta humana (Clark Kent) para mostrar su verdadero yo: el héroe seguro de sí mismo en todo momento. En cuanto fui conociendo el argumento, me apasionaba la idea de comprobar cómo Superman comenzaba siendo rechazado por el propio hombre para terminar siendo admirado por él, un punto de vista completamente diferente al mostrado por la saga clásica. ¿Qué hará el héroe para ganarse nuestra confianza? ¿Cómo lo demostrará? Cuando Superman aparecía en las entregas de Donner, Lester y Singer, el héroe ya era admirado por los ciudadanos. Pero lo lógico es que, en el 2013 que estamos viviendo, la sociedad comenzase mostrando su miedo y su rechazo ante lo extraño, lo desconocido, y ante un semidios que puede hacer cosas que la humanidad jamás podría.

A pesar de que Superman Returns (Bryan Singer, 2006) fuese una de las mayores declaraciones de amor a la cinta original de Richard Donner de 1978, ésta fue recibida por el público de una manera muy fría e injusta. Se le criticó la falta de acción ya que tenía tan solo tres set pieces de acción (pero qué momentos, ¡qué escena del avión!). A los productores de esta nueva entrega solamente les quedaba romper con los moldes originales y ofrecer una visión cinematográfica que se apartase completamente de lo visto hasta ahora, puesto que Singer ofreció lo mismo que Donner y éste fue rechazado. Y así ha sido. Snyder, de la mano de David S. Goyer, ha optado por enseñarnos un nuevo Krypton que se aleja del corchopán de 1978 para mostrarnos un planeta lleno de vida y de destrucción en el que se está librando una guerra civil. A Jor-El, padre de la criatura, solo le queda la solución de enviar a su hijo a un planeta parecido al suyo para poder salvar a su hijo. Y una vez que el pequeño Kal-El llega en cohete a la tierra es cuando la película comienza a mostrar sus verdaderas cartas.

Cuando creímos que Snyder optaría por una narrativa clásica, nos encontramos con un salto en el tiempo que nos enseña a un Clark Kent ya adulto, haciendo las veces de Capitán Pescanova, y logrando que los espectadores nos preguntásemos "Espera, te acabas de saltar toda la infancia del personaje, ¿es que no piensas contárnosla siendo esto un Superman Begins?". Al contrario de lo que pudiésemos creer, el trío Goyer/Nolan/Snyder nos van contando la historia de cómo Clark creció en Smallville a través de 5 flashbacks que, aunque quizás no estén insertados en los momentos adecuados, sí que son piezas aisladas con las que no hace falta decir más. Snyder no necesita que el personaje pase 20 minutos de metraje creciendo en su pueblo, le basta estas pequeñas 5 piezas para contarnos todo lo que necesitábamos saber  y para hacernos una idea del personaje y sus dilemas. No era necesario volver a Smallville porque eso ya es algo en lo que Donner se detuvo demasiado.


Y cuando Henry Cavill comienza a investigar sus orígenes es cuando nos encontramos ante un Superman (que no un Clark Kent) completamente nuevo y distinto. Sin duda, Cavill es el mayor acierto de la película, puesto que él solo soporta el peso de uno de los mayores personajes de la historia y está totalmente creíble en su faceta de Hombre de Acero. Las pocas apariciones que tiene como Kent muestran a un chaval medianamente normal, pero en cuanto se enfunda el traje vemos al H-É-R-O-E y a un actor que se está creyendo lo que está interpretando. Cavill no duda ni un solo momento que su mirada y su imponente físico deben transmitir la seguridad que el personaje requiere. Cavill es Superman y Superman fue hecho para Cavill. Tampoco sería justo compararlo con Reeve, puesto que él ha sido el icono por excelencia durante más de 30 años, ha sido la imagen y alma de cómo los espectadores y lectores hemos construido la imagen del héroe y, ahora, Cavill muestra una faceta muy distinta. El nuevo Superman se enfrenta al dilema -planteado por Zod- que nunca se tuvieron que enfrentar ni Reeve ni Brandon Routh, y es elegir entre la humanidad o la supervivencia de su pueblo: Krypton. Y, por otra parte, Cavill también muestra al nuevo héroe que no va a dudar ni un solo segundo en inflar a hostias a cualquiera que amenace a su pueblo (o incluso a su propia madre). En ese sentido me encanta su humanidad, en cuanto ve amenazados a sus seres queridos no duda ni un solo momento en sacar a la bestia alienígena que lleva dentro y darles una somanta de palos a los villanos.

El resto del reparto se mueve entre lo correcto y lo desaprovechado. Michael Shannon, ese actor con cara de psicópata en todo lo que interprete, nos brinda a otro nuevo Zod, un guerrero fabricado para un solo propósito que tampoco dudará en traicionar a su propia raza y matar a sus amigos para llevar a cabo la misión que le fue encomendada en vida; Shannon nos muestra una faceta más amenazadora, asesina y loca que la de Stamp de las entregas de Donner, que tan solo parecía pedir que se arrodillaran ante él. La adorable-en-todo-lo-que-haga Amy Adams nos muestra a una Lois Lane un poco sosa, quizás la más desaprovechada de todo el reparto. Diane Lane y Kevin Costner desarrollan sus papeles de padres terrícolas con muchísimo más acierto que las entregas anteriores, sobre todo Costner, quien le plantea al héroe otro de sus dilemas al que debe afrontarse: mostrarse tal cuál es y que la sociedad lo rechace o esconder sus poderes y dejar que la gente siga sufriendo desgracias. Y Máximo Décimo Meridio nos regala un Jor-El que, a pesar de ser la versión 2.0 de sí mismo, se muestra lleno de cariño, melancolía por el hijo al que perdió y lleno de seguridad a la hora de intentar ayudar a su hijo en todo lo que puede.


¿Y cuál es ese gran fallo al que hacía referencia que puede echar a perder todos los aciertos que he enumerado anteriormente? Pues, como podréis haber comprobado si ya habéis visto la película, es la dirección de Zack Snyder a la hora de planificar y llevar a cabo sus escenas de acción. La última hora de película es una orgía de destrucción desmesurada en donde el sentido de espectacularidad brilla por su ausencia. A lo largo de toda la cinta, mediante su cámara al hombro, sus zooms a lo Battlestar Galáctica y su neosentindo del naturalismo, Snyder busca una realidad que termina impostada, falsa. La mascletá de efectos especiales y edificios destruidos que termina siendo no es sinónimo de realidad o verosimilitud que sí lograron alcanzar tanto Donner como Singer en sus entregas muchísimo más calmadas que esta. Zack Snyder, quien nos tenía acostumbrados a las escenas realentizadas de 300 y Watchmen, termina convirtiéndose en el primo tonto de Michael Bay aderezado con una pizca de Paul Greengrass. Mi vecino Pixelin Pictures compara la mastodóntica pelea final como la adaptación perfecta de Bola de Dragón. Pero Superman no es Gokuh, por descontado. Tampoco es de extrañar que todo el mundo termine comparando la última hora con otras cintas como Transformers o Matrix Revolution. La auténtica lástima es que no se haya aprendido nada de los errores cometidos anteriormente, puesto que Snyder es un hombre que ha sabido demostrar su buen hacer y su particular visión cinematográfica y aquí no hay ningún atisbo en el que poder reconocerle. Nadie podría afirmar que esta película viene firmada por Snyder, nadie. Afortunadamente, el director termina siendo más íntimo en las escenas donde el superhéroe se está quieto, pero en cuanto Superman comienza a moverse la pantalla se convierte en un auténtico mareo ensordecedor al que Hans Zimmer no ayuda.

¿El resultado de todo esto? Una visión de Nolan (cuya mano se nota únicamente en sus 3 minutos finales, en ningún otro sitio) y Zack Snyder donde apuestan por la acción continua, una acción muy mal dirigida pero con un Henry Cavill muy poderoso en la piel de Superman. Mi recomendación es que vayáis a verla, puesto que con esta nueva entrega sigue pasando lo mismo que con otras tantas películas: finalmente tenemos que elegir entre el Caballero Oscuro de Nolan o el Batman de Burton, debemos escoger entre el Gatsby de Redford o el de DiCaprio... Pero eso no quita que nos podamos quedar con ambas versiones. Quizás incluso guste más el nuevo acercamiento que el antiguo. Porque, como he dicho, a pesar de tener sus grandes carencias, El Hombre de Acero es una cinta que también cuenta con muchos aciertos.

ESPECIAL SUPERMAN (III): Lo que pudo haber sido y no fue

Hoy cerramos el ciclo de especiales sobre Superman. Prometo no daros más el coñazo, pero es que debía hacer honor al símbolo que encabeza mi blog. No hará falta que os repita por enésima vez que fue finalmente Zack Snyder quien se alzó con la ansiada silla de director para la nueva entrega de Superman. Pero no sé si sabréis quiénes eran los otros 4 directores que Christopher Nolan y Warner Bros. barajaron para el proyecto. A continuación analizaremos, con un poco de humor para cerrar la semana (que nunca viene mal), qué hubiese ocurrido si Superman hubiese sido dirigida por:

  • Tony Scott: Seguramente nos encontraríamos con un Superman con mil planos por minuto, 800 más de los que hubiera impreso Michael Bay. Todo frenético, todo videoclipero, todo con un contraste que no se le ve ni la "S" del pecho. Seguramente lucharía contra las mafias de sudamérica. Produciría su hermano y se cargarían la franquicia. Y Clark Kent no sería blanco, sería Denzel Washington.
  • Duncan Jones: Hijo de David Bowie que pegó el pelotazo el año pasado. Jones se volvería loco si tueviera que pasar del presupuesto de 5M$ que tuvo Moon a los 200 de la nueva entrega. Superman no lucharía contra nadie. Estaría 2 horas recluído en su Fortaleza de la Soledad. Evidentemente, Superman también se vuelve loco y aparecería de nuevo el Superman borracho de la 3ª parte y, este, mataría al Superman sobrio. Fin de la película. La fanfarria de John Williams no sonaría. David Bowie cantaría a capella cada una de las canciones.
  • Jonathan Liebesman: Preferiría abstenerme de pensar qué haría.
  • Darren Aronofsky: Cogería a Rachel Weisz para hacer de Lois Lane porque es su mujer en la vida real, podría hacer un papel perfecto porque da la talla y es guapísima. Pero con Clark Kent habría un problema. Y es que habría 3 Clarks Kents: el Superman del pasado, el Superman del presente y el Superman del futuro. Lois Lane estaría muerta y Superman buscaría el modo de devolverla a la vida. Todos los supermanes comerían árboles para mantenerse vivos. Lex Luthor no sería el malo, sino que Superman sería perseguido por una nevera con la cara de Ellen Burstyn. Y todo resultaría ser una conspiración de matemáticos judíos para matarlo. Tanto en el futuro como en el presente como en el pasado, Superman vencería a los matemáticos y el médico le aconseja que se retire. El se niega, vuelve a atarse la capa y se lanza en planca desde el ring. Muerte de Clark Kent. Fin de la película.


¡¡Disfrutad del puentaco que viene y agarraos el DVD de Donner y de Singer!!

P.D. La foto que pongo no es coña, fue una prueba de vestuario de Nicolas Cage cuando Tim Burton estaba al mando del proyecto en los años 90. TEMBLAD.


ESPECIAL SUPERMAN (II): El Regreso

Coincidiendo con la noticia de que Zack Snyder dirigirá la próxima entrega de Superman, desde aquí quisiéramos echar la vista atrás y reivindicar o defender una película muy mal tratada por el tiempo. Hay veces que el paso de los años pueden encumbrar a películas que en su día fueron mal tratadas, pero en el caso de Superman Returns pasó totalmente al contrario: en su estreno tuvo un éxito medianamente notable (es cierto que Warner no recaudó todo lo que pretendía, aunque tampoco fue un fracaso) y con el paso de los años la crítica 2.0 ha ido desprestigiando esta entrega que no merece el aluvión de críticas recibido.

Muchos internautas (creo que a partir de ahora voy a usar este término con más acierto que llamándoles 'espectadores') se quejaron de que era una película vacía, una película sin alma, con el "ardiente" referente de una película de hace 32 años, la de Richard Donner. Cuando realmente, si la mira uno con el corazón, se dará cuenta que no puede haber homenaje más sentido y sincero al clásico de 1978 que Superman Returns, una de las entregas más fieles al espíritu del héroe.

Superman Returns es "muy Superman". Me explicaré: Si algo ha caracterizado a las entregas del héroe de Smallville o si de algo puede flaquear esta saga es que le falta un villano con la carisma que puedan tener los de otros superhéroes (como el Joker de Batman o los mil villanos de Spider-Man). En cambio, las entregas de Superman siempre se han caracterizado por tener un plan malvado en el que alguien quiere destruir o apoderarse del mundo (Lex Luthor) y Superman tiene que hacer lo impensable para evitar las desgracias en el planeta. Recordemos que Luthor quiso destruir el planeta en 1978 mediante cohetes y la Falla de San Andrés. Y en el 2006 Luthor intentó hace tres tantos de lo mismo, convertir el mundo en su parque de recreo y matar a Superman de paso. La historia y el espíritu no puede ser más fiel.

Aunque también soy plenamente consciente de los fallos de la nueva entrega, que tiene 3. En primer lugar le falta escenas de acción: además de la impresionante secuencia del accidente aéreo, el mostrenco más grande al que jamás se ha enfrentado Superman, le hacían falta un par de escenas mas, llevadas con el mismo ritmo e intensidad y buen saber hacer como esta secuencia. Y, por la otra parte -y la que más duele- es no saber aprovechar a un Kevin Spacey, ganador de dos Oscars, que tuvo en su mano hacer un Luthor inolvidable pero que se le escapó de las manos o no puso el interés suficiente. Aunque Gene Hackman tampoco es que sea el mejor Luthor de la historia, era un payaso. Y, por último, Kate Bosworth, quien no supo darle el nervio y mala leche del Nueva York del siglo XXI que se merecía el personaje de Lane. Estaba demasiado flaca, creo yo (por mucha química que tuviese con Routh, que no la tiene).

Al igual que en toda la saga, el villano vuelve a fallar, pero no por eso la película pierde el espíritu de la saga de los años 80, con el descubrimiento de Brandon Routh. Con el fallecimiento de Christopher Reeve, nosotros los espectadores hemos idealizando tanto la imagen que dio Reeve que creemos que nunca habrá un Superman mejor. Quizás el nuevo héroe (se rumorea que lo hará Jon Hamm, pudiendo hacer un retrato acojonante) sea el definitivo, pero aun así Routh hizo un sentido y bello homenaje a la figura de Reeves y sus gestos de Clark Kent.

Bryan Singer puso todo el alma en la historia y en la buena realización de la cinta, pero le fallaron las escenas de acción y la crítica del público que, tras 4 años, aun no sé qué esperaba de la cinta. Como decía sabiamente Alberto Abuín: "Singer ha ido a contracorriente. Ha optado por una narración totalmente clásica, y por un ritmo pausado con el que se toma su tiempo para contarnos las cosas. Eso, hoy en día no se suele hacer en una película de estas características. Estamos hablando de un film de más de dos horas y media en el que sólo hay dos o tres escenas de acción importantes. ¿Cómo acogerán esto las nuevas generaciones?". Siempre invitaré a que todo amante del superhéroe se siente en el sofá, enchufe el DVD y se deje llevar por el precioso inicio, donde las primeras notas de la fanfarria de Williams ya nos hacían soñar con que un hombre puede volar.

ESPECIAL SUPERMAN (I): Los orígenes judíos

Ayer se supo que el director para la nueva entrega de superman será Zack Snyder, director de Watchmen y 300. Así que tendremos una nueva historia de Superman volando a cámara lenta. Fuera de bromas, afortunadamente Christopher Nolan ha sabido escoger a uno de los directores más visuales que hay hoy en día, a quien no le tiembla la mano a la hora de enfrentarse a un superhéroe, ya que fue capaz de adaptar -con un estilo visual único- Watchmen, la novela gráfica inadaptable. Desde ILM quiero aprovechar tal noticia para hacer un par de repasos por la figura del héroe americano por excelencia: SUPERMAN.

LOS DIBUJANTES Y SUS RAÍCES
Uno de los factores que siempre me han intrigado del héroe son sus evidentes raíces judías. El hombre de acero nació en 1934 de la imaginación de Jerry Siegel y Joe Shuster, dos dibujantes provenientes de aquella segunda generación de inmigrantes judíos de Europa Oriental en la Gran Manzana. Superman, al igual que muchos otros superhéroes de historietas del siglo XX, fue creado por hijos de inmigrantes judíos en Nueva York. Cuando los dibujantes de cómics de los años 30 y 40 pensaban en sus creaciones y en sus héroes se remontaban a su cultura antigua, de ahí que la historia de Supermán guarde numerosos paralelismos con la de Moisés y el éxodo; y lo mismo sucede con los X-Men, que están basados en la idea del antisemitismo: perseguidos allá donde se han querido establecer, los mutantes del profesor Xavier han sido víctimas de la intolerancia y de la sociedad. Y, para más inri, Magneto estuvo encerrado en campos de concentración.

Todos los grandes personajes del cómic como Supermán, Spider-Man, los X-Men, Hulk o el Capitán América fueron creados por autores judíos como Stan Lee, que volvieron los ojos a su propia historia, vivencias y tradiciones para inventar estas aventuras. Y fueron creados entre los años 30 y 40, vinculando la necesidad de los judíos de tener "un héroe que los protegiera" en plena expansión de los fascismos. Y fue entonces cuando hizo aparición el héroe más grande de todos.

EL ÉXODO DEL HÉROE
Superman es el hijo de Lara y Jor-El. Nació en el planeta Kripton con el nombre de Kal-El (vocablo hebreo que significa 'la voz de Dios' y nombre también del hijo de Nicolas Cage). Asemejad la figura de Dios con Jor-El y continuemos leyendo. El planeta entero explotó, símil que años después podría compararse con el holocausto, obligando a sus padres a enviarlo a una nueva tierra prometida para poder sobrevivir: Estados Unidos. Es igual que la historia de Moisés y el pueblo judío: Jochebed puso a su hijo en una cesta y lo mandó Nilo arriba para poder salvarlo y para que este, en un futuro, salvase a su pueblo.

Recién llegado a su nueva tierra y acogido por unos padres cariñosos (Martha y Jonathan Kent), tiene que aprender todo de nuevo. Después irá descubriendo que es diferente, pero él no quería ser diferente. Por eso se esconde detrás de un nuevo nombre: Clark Kent. El héroe judío quiere integrarse y ser parte de esa nueva cultura, así que cuando usa sus poderes para ayudar y hacer el bien, viste su uniforme que tiene los colores de la bandera norteamericana. Refleja sus ansias por un mundo mejor, cuando especialmente Europa estaba plagada por el antisemitismo. 

EL NUEVO SUPERMAN
Posteriormente, las creencias y filosofía de Superman fueron apartándose de la tradición judía, para que el héroe de DC Comics no quedase atado a ninguna religión concreta y para que todo el mundo pudiese abrazar sus valores. Pero eso no quita que podamos poner en evidencia sus raíces y su tradición. En las últimas entregas cinematográficas, sobre todo expresadas en las entregas de Donner y Singer, el héroe queda más vinculado a la tradición cristiana que a la judía, sobre todo por la figura de salvador del siglo XX que la humanidad necesita (Por qué el mundo necesita a Superman, rezaba el artículo escrito por Lois Lane en Superman Returns) y por las palabras expresadas por el propio Jor-El: Aunque te hayas críado como un humano no eres uno de ellos. Pueden llegar a ser un gran pueblo Kal-El, desean ser un gran pueblo. Tan sólo necesitan una luz que les guíe. Por esa razón sobre todo, su capacidad para hacer el bien, yo te envío a ellos, mi único hijo.


El Superhéroe de Shyamalan: El Protegido

Repasando un poco la historia del cine y de los superhéroes, podemos comprobar cómo en Octubre del 2000 se abrió una senda muy peligrosa tanto para el cine como para los cómics. En aquel mes se estrenó X-Men, una película que terminó recaudando 296M$ en todo el mundo. Desde aquel estreno, las 5 majors vieron en las historietas un filón interminable de personajes populares y archiconocidos por toda la sociedad con la que podrían rellenar sus filas de estrenos durante algún tiempo. A lo largo de estos 10 años que nos distan de aquella primera adaptación, se han hecho alrededor de 45 adaptaciones de cómics y novelas gráficas, algunas con más fortuna que otras. Lo que sí estaba claro es que las productoras veían gracias a DC Comics, Marvel y otras líneas como Vertigo o Dark Horse auténticas franquicias en personajes como Superman, Batman y Spider-Man, ya que entre los lectores ya fieles, entre los moñecos para niños y los videojuegos, el negocio estaba asegurado. No me extiendo más porque la historia de las adaptaciones para superhéroes no da para un post, da para una tesis de doctorado.

En ese mismo año, M.Night Shyamalan se adentraba también (fruto de la casualidad, ojo) en el mundo de los superhéroes, pero desde su particular punto de vista. Por aquel entonces, la película terminó recaudando 248M$ en todo el mundo, pero debemos recordar que 'El Protegido' se trataba de la siguiente película después del bombazo que supuso El 6º Sentido. La película enamoró a muchos y defraudó a todavía más, ya por aquel entonces fue el inicio de la brecha en los corazones de muchísimos espectadores que se creían que se trataba de la película de Bruce Willis. Está claro que si Shyamalan hubiera hecho la película este año hubiera ocurrido dos cosas: 1. Que se hubiera meado en el 75% de las adaptaciones que se han hecho, por el fantástico guión que tiene -original, además- y por la perfecta y exquisita realización por parte de Night. 2. Que le hubiera caído una lluvia de palos más grande incluso que la de Airbender.

GÉNESIS DEL HÉROE Y SU VIAJE
Para explicar a David Dunn, el personaje/héroe que interpreta Bruce Willis me gustaría referirme brevemente a Kick-Ass, una novela gráfica que parodia todo este mundo de superhéroes (y la mejor película que llevo vista este año, por cierto). En ella nos contaba, a modo de broma, que Kick-Ass había nacido no porque hubiesen matado a sus padres (Batman), sin arañas radiactivas ni sin ser un refugiado de un mundo extraterreste destruido. Por lo general, el mundo de los superhéroes de Stan Lee o de la Marvel siempre juega con la genética, con los experimentos que resultan fallidos o con seres venidos de otro planeta. Pero como siempre ocurre en el cine de Shyamalan, el director nos sitúa a sus personaje siempre en un mundo real, cotidiando, del día a día, el que bien podría pasarle a ti o a tu vecino. Y en este caso David Dunn (Willis) es un triste guardia de seguridad, con tantos problemas en su familia y en su matrimonio que está pensando incluso en mudarse de ciudad. Lo que viene a continuación es algo que todos sabemos ya: sufre un accidente de tren donde él es el único superviviente; no contento con eso no tiene ni un rasguño, está ileso (por cierto, que nadie me acuse de que esté destripando nada, habéis tenido 10 años para verla).

Partiendo de esta premisa tan trágica y misteriosa, Shyamalan comienza a construir su héroe de las mil caras con todas las etapas del viaje (Campbell), pero desde su particular prisma. El accidente de David no supone ninguna liberación para su mundo ordinario, su matrimonio continua con la misma tristeza. Pero un día recibe una nota de un misterioso coleccionista de cómics, que supondrá su llamada a la aventura. Lógicamente, David rechaza dicha propuesta por parte de quien, sin quererlo, terminará siendo su mentor (Elijah Price); niega que pueda tener poderes sobrenaturales como que nunca se lesione ni caiga enfermo, lo niega rotundamente porque estamos en un mundo realista, donde las viñetas de cómics no caben en la vida real. Él se niega a creer las palabras de Elijah, pero estas cada vez cogen más fuerza cuando va recordando su pasado y cuando descubre que hay un hombre en el estadio que lleva una pistola plateada con culata negra. David encontrará en su hijo a su mayor aliado, con la prueba del levantamiento de pesas y la escena de la pistola. Una vez que David acepta que verdaderamente nunca enfermó es cuando se acerca a probar definitivamente la teoría de Elijah, en una secuencia con la prodigiosa música de James Newton Howard. Es ahí cuando acepta sus poderes y se lanza de lleno a cumplir su misión: proteger a la gente. Su prueba definitiva será la lucha contra el hombre naranja, de quien sale victorioso y con su recompensa/elixir: el reconocimiento de lo que, inconscientemente, siempre ha sido: un héroe. El camino de regreso a casa le brindará con la reconstrucción de su vida y su amor, Audrey. Y con la mayor sorpresa para todos los espectadores: que Elijah Price (un prodigioso Samuel L. Jackson) no solamente ha sido su mentor sino que se convierte en el villano, en quien será su archienemigo y siempre estará ligado a él.

LO IRREAL EN EL MUNDO REAL
Este viaje y patrón narrativo puede aplicarse perfectamente a cualquier otro superhéroe, casi todos han pasado por las mismas etapas. Con el especial toque de situarlo en mundo real, donde los héroes no intentan lograr el amor de Mary Jane o de Lois, sino que intentan que su matrimonio no se vaya al carajo. Shyamalan tiene el prodigio de volver a introducir lo sobrenatural en el mundo natural, al igual que colocó fantasmas en un aspecto cotidiano, que introdujo alienígenas en un típico pueblecito o incluso damas de cuentos en un barrio de vecinos que bien podría ser el mío...

Shyamalan recrea, con David Dunn, su particular y precioso homenaje a este mundo del cómic, forjando un guión de hierro en el que cree firmemente y que en ningún momento se tambalea. Por supuesto, si hay algo que hay que destacar de la película además del guión es su realización, limpia, perfecta y exquisita, con una planificación al milímetro, donde Shyamalan nos regala muchos de los mejores planos vistos en el cine en 15 años: el encuentro de David con la mujer en el tren, con una cámara que no cambia de toma; la pelea con el hombre naranja, también sin cambiar de toma; y el plano de las cortinas, el mejor de la cinta -y de la década me atrevería a decir-, donde nosotros los espectadores, inquietos y curiosos, solo podemos ver por donde Shyamalan quiere que veamos. Todo ello apoyándose en James Newton Howard y su poderosa e inusual banda sonora, quien se convierte en el mayor héroe del cine de Shyamalan y quien le acompaña (y hará que nosotros también lo hagamos, con los oídos) en todos sus viajes.