Los Pilares de la Tierra: Una obra magna

Ayer comenzó en Cuatro la emisión de una de las miniseries más esperadas de los últimos años: Los Pilares de la Tierra, la adaptación de la mastodóntica novela que publicó Ken Follet en 1989, arrasando con más de 5 millones de españoles viéndola. 'Los Pilares' siempre fue un libro que anduvo por mi estantería, y según iba creciendo siempre escuchaba que era un gran libro, que era magnífico, todo el mundo lo recomendaba. Pero si había dos cosas que jugaban en su contra era su condición de 'bestseller' y su extensión: más de 1300 páginas, jamás me había enfrentado a una historia tan larga. Y fue hace 2 años, en un período llamémosle chungo de mi vida cuando decidí meterle el diente. La conclusión fue que la historia me atrapó tanto que me lo bebí en poco más de 10 días y no me quedó más remedio que unirme a esa opinión entusiasmada que decía todo el mundo: 'ES UN PEAZO LIBRO', lo confirmo. Con todas las de la ley, jamás me había emocionado y enganchado tanto una historia de traiciones, engaños, política, amores, religión, crueldad... Lo de que construyan una catedral viene siendo incluso algo anecdótico. Había días que no podía parar de beber páginas y páginas y con la vista ya cansada tenía que dejar la lectura tras haberme zampado 200.


No os dejéis engañar por la gente que lo desprecia por el hecho de venir de Ken Follet y de ser un 'Bestseller'. Si es un bestseller es porque fue publicado hace casi 22 años y a día de hoy se sigue vendiendo como churros. No es un libro de digestión fácil y olvido rápido. Es una historia que uno jamás olvida y que guardará siempre en la memoria como haber sido uno de los libros que más le han impactado. Ojalá pudiera compartir este sentimiento con más gente, pero resulta curioso que entre todos mis amigos sólo conozca a 3 personas que se lo hayan leído. Una lástima, porque debería existir un Real Decreto que obligase a todo español a leérselo.

LA DIRECCIÓN
Cuando uno lee el libro está deseando inmediatamente que hagan la película pero, al leerlo, uno se da cuenta que tal tarea es muy difícil por no decir casi imposible. Son 1300 páginas de historias y enredos, y eso en una cinta no cabe. Aun así, yo hace años ya me imaginaba a Liam Nesson como Tom Builder. La idea de una película no cuajaba, pero entonces leímos que Ridley Scott se encargaría de hacer una serie de televisión. Por una parte, todos nos echamos a temblar, porque Ridley tiene en su haber uno de los mayores bodrios históricos que ha visto el cine, pero produciendo es un tío que sabe dónde mirar.

Sergio Mimica-Gezzan dirigió los 8 episodios de una hora de duración cada uno, de una manera correcta. Jamás había dirigido una película, tan solo episodios de televisión. Pero si por algo tiene experiencia es por haber sido el ayudante de dirección de Steven Spielberg durante 12 años, así que algo sabía el hombre. La realización es correcta y espectacular, se nota que le han echado duros al asunto (40 millones de euros, concretamente), duros que lucen constantemente en pantalla, con numerosos escenarios y una recreación perfecta de la Inglaterra del XII para ser un producto televisivo.

LA ADAPTACIÓN
Pero si hay dos cosas verdaderamente admirables en esta miniserie es el guión y los actores. John Pielmeier ha sabido condensar a la perfección las más de mil páginas que Follet escribió, eliminando lo verdaderamente no importante y sabiendo enfatizar las relaciones y pasiones de cada personaje, dotándolas de la emoción cinematográfica que se merece la historia (de hecho, el final del libro es cambiado por completo para darle un aire más espectacular, el merecido). Por mucho que le duela a mi amigo José María, tramas como la de Thomas Becket no son relevantes para la historia, porque la historia gira en torno a unos personajes que se ven envueltos alrededor de esa catedral de Kingsbridge, es en ellos donde reside la trama, no en el transfondo histórico de la Inglaterra del XII. Son 8 horas de serie que no dan respiro al espectador, ni un momento de calma: en cuanto termina una desgracia y se atisba algo de esperanza... comienza otra peor. (Cuando la veáis, atentos al guión del 5º episodio, simplemente prodigioso).

Por supuesto, el otro factor que ha hecho que esta serie sea tan grande ha sido el elenco de actores escogidos, un casting perfecto de actores ingleses. Por la serie lucen antiguas caras conocidas como un correcto Rufus Sewell haciendo de Tom Builder (una lástima, porque yo siempre me imaginé a Neeson) Donald Sutherland o Tony Curran. Pero hay dos que destacan por encima de todos y que harán que todos los Globos de Oro recaigan en ellos el próximo enero: estamos hablando por supuesto de Matthew Macfayden, que interpreta al Prior Philip dotándole de la bondad y la entrega religiosa que se merecía, y de Ian McShane, quien con su retrato del hijo de la gran putísima madre de Obispo Waleran eleva su personaje al altar de los mejores villanos de la historia del cine. Su actuación es perfecta, soberbia, desagradable, apasionante, divertida, acojonante... todos los adjetivos son pocos para describir la tarea actoral de este señor. Como dijo Alfred Hitchcock: Una historia vale lo que vale su villano. Y McShane hace que Los Pilares de la Tierra se sostenga por el propio peso de Waleran. Sus constantes batallas con el Prior Phillip / MacFayden hacen que los espectadores disfrutemos con dos personajes como nunca lo habíamos hecho, con esa constante batalla entre el bien y el mal, entre la iglesia digna y aquella que no lo es. Una vez vista la mini-serie completa, ya resulta imposible imaginarse estos dos personajes interpretados por otros actores, imposible. Por cierto, añadir que para disfrutar de la serie al máximo es IMPRESCINDIBLE VERLA EN V.O., ayer pude comprobar durante cinco minutos en Cuatro que la dirección de doblaje le hace un flaco favor a la serie (y Waleran con la voz de John Travolta o Martin Lawrence destroza al personaje).


Concluyo recomendándoos de corazón la serie, es una adaptación prodigiosa y muy fiel de una novela que parecía casi imposible de ser adaptada. Aunque os recomendaría todavía con más corazón que si tenéis la oportunidad (y ganas, todo sea dicho) de poder leeros antes la novela, ¡por favor, HACEDLO! Disfrutaréis leyendo como seguramente nunca lo hayáis hecho. Y después, cuando veáis la serie, ¡disfrutaréis todavía más! Sobre todo gracias a MacFayden y McShane, los verdaderos Pilares de la serie.

LO MEJOR de Los Simpsons

Hablando ayer sobre Los Simpsons con Pixelin Pictures, lanzamos una pregunta al aire que ambos fuimos incapaces de contestar: Cuál es el mejor puntazo de la historia de Los Simpsons. Y no tuvimos respuestas. Hay tantos, los hay tan magníficos e ingeniosos que no dimos con uno que se alzase por encima de los demás.

Pero lo que yo sí le dije es que, ya que no puedo catalogar cuál es el punto que más me ha hecho reír en mi vida, sí que tengo muy claro cuáles son los 3 mejores episodios que he visto jamás. Y son aquellos que, precisamente, le he encontrado la gracia ya siendo adulto y cuando me he dado cuenta que tratan varios de los temas más escabrosos y duros que pueden darse en la realidad. Aquí va mi ranking:

MEDALLA DE BRONCE: La Disolución del Consejo Escolar (6ª Temporada).
En este capítulo presenciamos cómo la Escuela Pública de Springfield se ve con problemas de dinero. Krabappel le pide que mejore las condiciones del colegio a Skinner y este le dice que no hay presupuesto. Cada vez hay más tiranteces entre ambos y Bart ve una oportunidad perfecta para liarla parda, articular toda clase de artimañas y engaños y mandar a los profesores a la huelga. Es aquí donde vemos su pura maldad, sus mentiras, su inteligencia y ver cómo todo lo que se dice puede ser tergiversado hasta darle la vuelta completa a su sentido.


Los mejores momentos y frases son:
- Skinner en referencia al autobús: Otto, creo que debes ponerle gasolina. Aquí tienes, la tarjeta de crédito (el 'buenoooooooo' que exclama Otto cuando le pasa un tubo de plástico para que robe la gasolina sorbiendo es, simplemente, antológico)
- Edna en referencia a la comida del comedor: Digas lo que digas, ¡esto sabe a periódico! - ¿Y qué? El papel de periódico molido aporta tosquedad, es esencial. Sin embargo no has notado las colchonetas... (a lo que vemos a la Enfermera Doris triturando una colchoneta y gritando 'Estas colchonetas viejas tienen muyy poca carrrrrneee!!')
- Malk, ahora con más Vitamina R
- Lisa: No, no puedo relajarme, ni rendirme, ni ceder, ni... ¡solo me salen dos sinónimos! ¡Dios mío, he perdido la perspicacia! (a lo que sale llorando a lágrima viva y su padre le contesta: lo mejor es que la busques en el sitio más raro)
- Marge: Volar una cometa por la noche no creo que sea propio de un niño de su edad (a lo que le contesta Bart: Hola, Mamuchi querida...)

Y aquí viene el punto estrella, que esconde toda una filosofía detrás. Cuando finalmente descubren que la solución para ganar dinero es aprovechar los espacios de la escuela para meter presidiarios... vemos que Snake y otros cuantos delincuentes están en la misma clase de Bart. Uno de ellos le arranca un trozo de camisa a Martin, a lo que contesta la Srta. Karabappel: Tranquilos niños, no prestéis atención al asesino.




MEDALLA DE PLATA: Homer, Hombre Malo (6ª Temporada)
Para que Homer asista al Congreso de la Industria del Dulce necesita dejar a los niños con una canguro. A su regreso, tiene que llevarla de vuelta a casa y cuando se le levanta del coche Homer ve que tiene pegado al culo una chucería con forma de Venus de Milo. Él la coge y se la come, pero con la sorpresa que al día siguiente ella le acusará de acoso sexual y de pervertido. El revuelo mediático y el circo televisivo que se genera alrededor de Homer es ANTOLÓGICO

Los mejores momentos y frases son:
- Homer hablando con la canguro: Así que universitaria, ¿eh? Mucho llegar a la luna pero no conseguís que mis zapatos no huelan mál (¡¡¡BRAVO!!!)
- Homer en el programa Lo Más Bajo: Alguien tenía que llevar a la canguro a su casa. Cuando ví que se había sentado con su dulce cú... alargué la mano ¡con su dulce cú! Ohhhh cada vez que me acuerdo de ¡ese dulce cú! ¡ese dulce cú! (y entre todo esto el reloj de la esquina p'alante y p'atrás como un endemoniao)
_ En el fondo del mar, en el fondo del mar, no hay chismes de vecinas sólo hay ricas sardinas, en el fondo del mar
- Marge diciéndole al Abuelo Simpson que la bandera que está colgando sólo tiene 48 estrellas: ¡Antes muerto, enterrado y agusanado que reconocer el estado de Missouri!

Y aquí viene el punto estrella, que será el fragmento que el futuro día que sea profesor les pondré a mis alumnos para que reflexionen sobre la televisión y los reality shows: Hoy en Ben, madres e hijas que se habían fugado se reunen gracias a su común odio a Homer Simpson. Con todos ustedes... el bueno de Ben (y aparece un oso con un micrófono en la cabeza, ¿vale? NO DIGO MÁS)




MEDALLA DE ORO: La Última Tentación de Springfield (5ª Temporada)
Y este, queridos lectores, es el que aborda el tema más serio de toda la serie: La infidelidad. Homer comienza a enamorarse de Mindy, la nueva chica del trabajo. Y entonces comienzan a sucederse las alucinaciones y las mentiras hacia su familia. Impagable que, tratando un tema tan serio, siempre lo hagan desde la perspectiva de ese humor tan simpson y tan genial.

Los mejores momentos y frases son:
- Krabappel hablando sobre lo ocurrido en el aparcamiento: Chicos, sé que no hay forma de demostrar quién es el culpable porque en un país democrático todo el mundo es inocente hasta que se demuestre lo contrario (Bart suspira con un 'Dios bendiga a América'). Pero mi clase no es democrática, ¡¡¡JAAAAAA!!!
- ¡¡Baila, Baila, Baila, Baila!!
- Burns defendiendo a Zutroy ante el Departamento de Trabajo: ¡Pero si Zutroy es tan americano como la tarta de manzana! (a lo que responde Zutroy: Tockni rad'ba Mistah Boons)
- ¡Siga trabajando Stuart! (y sale un pato arrastrando una carretilla)
- Smithers a Burns: Alguien está cargando el servicio de habitaciones a la compañía. Y Burns responde: Así, ehh? Eso habrá que verlo. ¡Volad, preciosos, Volad!!
- Bart termina su tratamiento y lanza por la ventana sus zapatones, que acaban estrellados en el piso de Flanders: Niños, ¿habéis rezado alguno pidiendo zapatos gigantes? - ¡Yo papi! - Ahh, estupendillo
- Los camareros del restaurante chino de Ciudad Capital: Ehh, se nos han acabado las galletas de nuevo amol - Ahh, pues able el balil de sigue con tu esposa

Y aquí viene el punto estrella, que es cuando Homer intenta no pensar en Mindy: Piensa en cosas no eróticas, piensa en cosas no eróticas. Atentos a que cuando salen Patty y Selma depilándose a contrapelo unas piernas peludísimas, el 'mmmm menos sexy imposible' que dijo Carlos Revilla, el doblador, es lo mejor que ha doblado nunca.

¡La Tele ha muerto! ¡VIVA LA TELE!

Llevo pensando desde hace tiempo que a la televisión le quedan 5 años de vida, tal y como la conocemos hoy, no le doy más. Ahora mismo estamos asistiendo a una especie de rejuvenecimiento de las cadenas con la implantación de la TDT. De hecho, en septiembre se añadirán nuevos canales en abierto como MTv, La Sexta 2 y Sexta 3, Nitro y muchas más. Cada vez tenemos más cadenas y yo me pregunto a dónde irá el pastel publicitario, cómo se sustentarán o, directamente, cómo aguantarán el tipo. Porque hacer televisión cuesta mucho mucho dinero. Y a menos que la paguemos nosotros los espectadores (que no lo vamos a hacer, porque llevamos 30 años con el modelo de 'la tele es gratis') serán los anunciantes quienes lo hagan. Y estos sacaban sus buenos beneficios antiguamente cuando sólo había 5 generalistas y todos veíamos los mismos anuncios. Ahora hay 4 veces más, así que ya me diréis.

Desde hace unos años estamos asistiendo a un cambio tecnológico impensable en la historia de la humanidad. Se dice que en 2 días en Internet se escribe la misma cantidad de información que escribió toda la historia de la humanidad hasta el año 2000. La tecnología crece más rápido que nosotros. Cuando se lanza un nuevo gadget al mercado, el siguiente ya está en la pista para coger el relevo. Y si quieres esperarte a que baje de precio ya habrá en el mercado uno mejor.

CAMBIO DE HÁBITOS: La muerte del Prime Time
Lo que parece que todavía no hemos asimilado muy bien es que antiguamente se decía que un espectador pasaba de media frente al televisor 212 minutos. A día de hoy lo que dicen las estadísticas es que pasamos casi 3 horas... frente a Facebook. Y frente a Tuenti y las redes sociales. E Internet. Si vosotros, lectores, estáis leyendo mi blog es que seguramente también hayáis asistido al siguiente cambio: ¿Cuánto hace que no os sentáis con vuestros padres o vuestra familia a las 22.00 frente al televisor para ver lo 'que echan'? A que hace mucho, ¿verdad? Cada vez se ve menos televisión. Y cuanto más joven es la generación más acentuado está este sentimiento. En mi caso particular, mi Bravia es un mero intermediario entre el Blu-Ray y yo.

Internet y el surgimiento de páginas de descarga y foros de intercambio de contenidos (los P2P mueren lentamente, el futuro es Vagos y Megaupload) ha cambiado radicalmente nuestra manera de actuar frente a la pantalla. Nosotros ya no vemos lo que Antena 3 nos programe a partir de septiembre, qué nos importa que nos llegue la nueva temporada de Física o Química si ahora somos nosotros mismos quienes elegimos nuestros contenidos y la manera en que los vemos. Y, por lógica aplastante (¡gracias a Dios!), hemos vuelto a apostar por la ficción americana, quien siempre ha ofrecido las mayores dosis de calidad y entretenimiento. Afortunadamente, a las generaciones nuevas ya no nos importa el idioma en el que lo vemos. Pero lo que sí está claro es que nuestra pantalla ya no es el televisor del salón, es nuestro ordenador o nuestro portátil, donde tenemos almacenadas nuestras películas o nuestras series favoritas, accesibles en cualquier momento a golpe de tecla. Imagino que os dirían "hijo, siéntate con nosotros a ver la tele, que hace tiempo que no lo haces" y vostros contestaréis, cual Rorschach "NO"

¿EL FUTURO? EL iPAD!!! (o similares)
Del consumo en familia hemos pasado al consumo individual, con una pantalla propia. Recuerdo cuando en el 2005 me compré mi primer portátil, que me costó 1.200€. A día de hoy ese ordenador se vende por menos de 150€, no cuesta más. Y mi actual móvil tiene casi más procesador y memoria. No es descabellado pensar y vaticinar que cada persona, de aquí a 3 o 4 años, irá por la calle y al trabajo y a la escuela con un iPad bajo el brazo. Es el gadget perfecto, una pantalla (de resolución inmejorable) que aglutine todas las funciones de ordenador, almacenamiento de todo lo personal (música y fotos), teléfono móvil y centro de ocio. Sólo es cuestión de que baje de precio. Las noticias que leíamos hace días que en India comienzan a comercializarse pantallas de este tipo a precios casi regalados no hacen más que alegrar y beneficiar a los consumidores porque eso implica que Apple no tendrá mas huevos que empezar a bajar sus precios si quiere seguir siendo la número uno. Porque lo que sí se viene venir es que competidores le van a empezar a salir por todos lados, y cada uno a ofrecer lo mejor posible y al precio más asequible.

Y será de aquí a 3 años cuando todos tengamos una. Donde cada miembro de la familia tendrá su tablet personalizado con el que nos comuniquemos con el mundo y donde veamos nuestros contenidos. Las televisiones ya no tendrán el poder de imponernos qué ver un jueves por la noche, seremos nosotros quienes elegiremos. Y es ahí donde está la otra baza del futuro: en los contenidos, la clave para que una red o un sistema que ofrezca un catálogo triunfe o no. Ganará quien ofrezca el de mayor calidad, ya no importará donde se emita, sino el contenido en sí. Además, con el crecimiento de redes ADSL y los vídeos en Alta Definición hacen que todo aquello que decían los estudiosos sobre la televisión en el móvil (en minúsculas pantallas de Nokia) se quede ya como algo meramente anecdótico de bibliotecas sin actualizar y de tesinas que se quedan anticuadas a los 2 años.

Sobre lo paranormal y lo lento

Quisiera empezar la semana con uno de estos posts que duelen y crean polémica. Y es que llevo mucho tiempo queriendo escribirlo. Está relacionado con la película Paranormal Activity y, sobre todo, porque no paraba de escuchar por parte de muchos que la habían visto decir que "era lenta". Evidentemente es un comentario ante el que no puedo mantenerme indiferente, me duele. Me duele porque es una película que me impacto muchísimo y que me encantó, de hecho la considero de las 5 mejores que vi el año pasado por los motivos que explicaré después. Pero lo que no entiendo es el hecho de que a mí se me pasase volando y otros digan que es soporífera.

EL ARTE DEL MONTAJE
Antes de nada yo soy el primero en reconocer mi 'deformación profesional' o mis vicios, por así decirlo. Durante mi época de estudiante a lo que me dediqué principalmente, a la hora de realizar trabajos audiovisuales, fue a montarlos, a coger todas las piezas del puzzle y darle forma mediante el ritmo y el tiempo. Y tras haber montado 4 videoclips, 2 documentales, 1 spot, 1 pieza musical, 2 cortos y 2 felicitaciones me convertí en un fanático de la edición y creo que terminé entendiendo cómo iba esto del ritmo. Revisionábamos las piezas una y otra vez, llegando hasta el nivel enfermizo de quitar un solo frame si veíamos que sobraba o entorpecía. 

Montar no significa únicamente qué plano colocar después del siguiente, si usar un plano medio o uno cerrado, sino saber qué tipo de narración se merece cada pieza y, sobre todo, cómo hacer que cada una sea dinámica. Una vez Billy Wilder intentó escribir un decálogo para el cine y terminó diciendo 'Tengo 10 mandamientos. Los nueve primeros dicen: ¡no debes aburrir!'. Y de hecho, siguiendo esta lógica que una día me tatué a fuego en la mente, he tenido que dejar de ver muchas películas y, sobre todo, muchas series porque sí que me parecían soporíferas. Las tres últimas que recuerdo haber dejado han sido Dexter (al 2º capítulo), True Blood (al 1º, record) y, la que más pena me da porque me hacía mucha ilusión haber visto, Mad Men (al 3º). De hecho estoy pensando dejar también Flight of the Conchords (y eso que voy el por 7º). Lo siento, pero los espectadores somos así de crueles. Y yo, a pesar de que tengas la mejor construcción de guión y de personajes de la historia digna de mil Emmys, lo siento en el alma pero te falta ritmo, que es algo que yo valoro por encima de todas las cosas. Y eso de cuando dicen 'es que en la 2ª temporada mejora' es algo que (el ver por el hecho de ver) no me termina de entrar en la cabeza.

Otra frase que me impactó muchísimo y que desde entonces también grabé a fuego se encuentra en el libro 'Las Luces de Septiembre' de Carlos Ruiz Zafón. En un pasaje, dos personajes entran en la casa de una señora mayor y ésta, sorprendida por la entrada de ellos en la casa, se disculpaba diciendo: Lo cierto es que estaba leyendo y me he quedado completamente dormida. A lo que le responde Lazarus: Eso significa que debe usted cambiar de libro. BRAVO, aplíquese también a lo audiovisual. 

CUESTIONES DE RITMO
Yo reconozco que cuando terminé los exámanes de verano en 2006 me chuté en apenas mes y medio la friolera de 2 temporadas de Perdidos y 3 de Nip/Tuck. Cuando terminé de verlas y me sentí desolado (porque aquel intenso disfrute había terminado) no quería ver cine, me resultaba físicamente imposible sentarme dos horas en una butaca a ver una película. Me acostumbré demasiado al formato de la historia en 40 minutos y me tiré un verano entero sin ver películas. Me juré a mi mismo que aquella experiencia no la repetiría en mi vida. Yo lanzaría al aire la pregunta de 'qué le pasa al espectador que se acostumbra/engancha a una narrativa o qué motivos llevan a tal cambio' o, directamente, 'cómo es posible que a un espectador joven le parezca lenta Paranormal, que dura hora y cuarto, y Haneke no' o peor todavía: haría un grupo de Facebook titulado Señoras que Paranormal Activity les parece lenta pero seis temporadas de una serie de HBO no. Me centro en la narrativa televisiva porque se dice que, desde hace pocos años, la calidad de lo audiovisual ya no se encuentra en el cine sino en la telvisión. Comparto esa frase en el sentido que en televisión encontraremos la mejor construcción de personajes, pero en cuanto a narrativa aun le falta mucho que aprender. Pero en serio, me gustaría saber por qué a los espectadores del Siglo XXI, adictos a la narrativa televisiva, no se aburren con series estiradísimas durante decenas de capítulos pero con una historia cerrada de hora y cuarto sí.

UNA DURACIÓN NECESARIA PARA REINVENTAR EL TERROR
No os penséis que soy de esos que para defender una cosa simplemente ataco otra y quedarme tan pancho. Volviendo al caso de Paranormal se puede comprobar también que la inmensa mayoría de aquellos que se aburren con las 'escenas diurnas' dicen que lo mejor son las 'nocturnas'. Y no les falta razón, si tuviéramos que quedarnos con alguna de las dos partes está claro que la noche es dónde la película sobresale por encima de cientos de películas de terror que se han hecho en los últimos años (y muy por encima de aquella patochada llamada Blair). Oren Peli, su director, volvió a conseguir algo que no se lograba desde El Resplandor: que el terror y el miedo lo infunda un plano fijo. Sin trucos de montaje ni golpes de violín a mil decibelios. Un plano fijo con trípode. Que acojona al más valiente, por mucho que diga. Un solo plano que evoca nuestros miedos más infantiles: que algo entre por la puerta, que algo se mueva, un solo plano en el que constantemente no dejamos de buscar el miedo pero que, a su vez, no queremos mirar.


Y es en las escenas diurnas donde los personajes, Katie y Micah, nos van introduciendo las reglas de lo que pasará en la habitación y la mitología de espíritus y demonios con la que jugará la película. Nos van explicando, mediante varias escenas, qué es lo que ha ocurrido o -peor- que es lo que está a punto de ocurrir. Además que, volviendo a la construcción de personajes, es durante el día cuando se va formando o rompiendo esa relación de confianza y terror entre la pareja. El día supone una liberación para el espectador, porque confía que durante ese tiempo en la casa no ocurrirá nada (que se equivoca). Pero sin el día y sin su narrativa la noche no tendría sentido. Y jamás llegaría a estremecernos tanto como estremece la noche #20 ...

Spartacus: Blood and Crap


"Yo soy Espartaco"
Ayer quedé con Salvador Calzado para ver una de las películas más míticas de la historia del cine: Espartaco, de Stanley Kubrick. Mucha gente me había dicho que, cuando la viese, vería Gladiator con otros ojos (y que me parecería una basura, además). La película está bastante bien, aunque quizás se pierda un poco en su trama política y deja muy de lado al personaje de Espartaco en sí, la gran atracción. Quizás por esta parte me sigue gustando más Gladiator porque, aun teniendo numerosas similitudes con la obra de Kubrick, es más directa, se centra más en el personaje de Máximo. Aunque he de reconocer que la obra del Maestro (Stanley) tiene secuencias para el recuerdo que no tiene la nueva, sobre todo el duelo final entre Espartaco y Antonino, donde ninguno de los dos quiere que el otro muera en la cruz. Y que viva Kubrick con esos megaplanos con 7000 extras al fondo dándose mamporros. Haz eso a día de hoy, Peter Jackson.

Lo que no me esperaba yo fue la animalada que me vi a cuando se fue mi amigo. He de reconocer, ignorante y desinformado de mí, que la nueva serie "Spartacus: Blood and Sand" no tendría absolutamente nada que ver con la película. Iluso. He de reconocer que, aunque sea pecado mortal que no haya visto Espartaco hasta el día de hoy, también admito que si me he dado un poco más de prisa en verla es porque también me apetecía ver la nueva serie e ir con la película como base. ¡JA!

La serie es una animalada desde que empieza hasta que salen los créditos. Ayer vi el piloto y creo, después de reflexionar poco, que no voy a seguir perdiendo el tiempo. La serie no es más que una mezcla barata de 300 y Gladiator. 300 por la estética, no puede tener un referente visual más descarado, y Gladiator por la coña de los gladiadores y los anfiteatros, poco más. Es violencia por violencia, claramente para intentar captar un poco de aquel público que encandiló 300 (yo entre ellos). Pero no es más que una sucesión de chorros sangrientos y litros y litros de sangre digital mal hecha. Quizás si la serie fuese en 3D y te salpicase tendría más gracia, pero ni eso.

No voy a seguir viéndola porque soy sincero conmigo mismo. Porque la serie no le hace honor al nombre de Espartaco, aquel esclavo que con dos huevos armó la que armó y que de hecho fue uno de los primeros atisbos de la eliminación de la esclavitud. No la sigo viendo porque lo único que guarda con la película son los nombres de los personajes, nada más. Y porque para ver tetas y culos gratuitos (hasta el momento el único aliciente que me invita a continuar viendo la serie) puedo acceder a ellos por Internet en cualquier momento, sin necesidad de tener que tragarme capítulos de una hora. Y, finalmente, porque para ver violencia vuelvo a verme 300, que es un peliculón.

P.D. Aun así, después de toda la parrafada, seguro que termino viéndola. Es que salen tetas, comprendedme.