Paul: un canto sincero al frikismo

Justo dentro de un mes, el 22 de julio, llegará a las carteleras españolas Paul, la última cinta de Greg Mottola. Las distribuidoras españolas, reincidiendo en sus cortas miras comerciales, han permitido que el tiempo se les eche encima y a que en la red ya circulen copias en 720p. Algo lógico, pues en USA la película fue estrenada en marzo y ya la están comercializando en Blu-Ray. Luego que no se quejen.

A priori, tras ver el espantoso cartel, me imaginaba que sería la patochada del año, puesto que el trailer estaba inundado de chistes facilones, tontos y un alienígena que lo único que prometía en su gamberrismo eran tacos. De todas maneras, había algo especial en aquella cinta: que estaba escrita por Simon Pegg y Nick Frost, la inolvidable pareja de Shaun of the Dead y Hot Fuzz. Como mínimo el guión tenía que tener un humor mucho más sutil y afinado que lo que la cinta prometía, y si a eso le añadimos la dirección de Mottola (Supersalidos, Adventureland) el tandem podría ser espectacular. Y así ha sido.

Obviando las chorradas y chistes fáciles que intentan vender los encargados de marketing con el trailer, la película esconde un guión casi perfecto, un homenaje de casi dos horas al friki que todos llevamos dentro. Un canto a la amistad de los dos protagonistas que son amigos de toda la vida y llevan compartiendo las mismas frikadas desde que son pequeños. Paul es una road movie que nos hace partícipes del viaje en todos los sentidos, puesto que seguramente parte de nosotros viaje en la caravana con ellos.

¿Y qué decir de Paul? Pues que en diez minutos es capaz de subirse él solito al podium de los personajes más carismáticos de la historia, presentándonos un extraterrestre que deja en ridículo el recuerdo que nos pudieron dejar otros como E.T. o cualquier bicho intergalático. Irreverente y sinvergüenza, Paul es un hilo de conexión a toda la cultura popular generada en los últimos 50 años. Y los guionistas saben cómo aprovecharse inteligentemente de estos guiños. Con la voz de Seth Rogen (quizás su mejor papel, puesto que no sale en pantalla) sabe darle el gamberrismo necesario al personaje y será capaz de arrancarnos carcajadas como hacía años que una comedía no lograba hacerlo (atentos a la escena de la tienda de cómics en la que debe quedarse quieto como una estatua, no os digo más).



Hecha con cuatro duros (40M$) que lucen como si se hubieran gastado el doble, Mottola es capaz de volver a homenajear nuestra infancia -como ya hiciese en Adventureland- y plagar la película de guiños a la ciencia ficción y a nuestras creencias y mitos de la niñez. La pareja formada por Pegg & Frost se confirma como una de las mejores parejas cómicas que hay hoy en día en el panorama cinematográfico y si a eso le añadimos la presencia vocal de Rogen y la magnífica dirección, Paul se convierte por derecho propia en la sorpresa del 2011. Es una lástima que no tuviese tanta acogida en USA, aunque seguro que con en el circuito de vídeo los fans sabrán auparla al sitio que se merece.

P.D. Una última cosa: no se os ocurra buscar en IMDB quién es el cameo principal de la película, ¡no lo hagáis! si llegáis 'vírgenes' a los últimos 15 minutos las lágrimas de la risa caerán por vuestras mejillas, os lo aseguro.

Splice: un drama familiar de ciencia ficción

Tras muchísimos retrasos por fin llegó la nueva película de Vincenzo Natali, uno de esos directores que -al igual que Tarantino, por ej- se les endiosa por hacer nada más que una película. En este caso nos referíamos a Cube, película que ni defenderé ni atacaré porque, sinceramente, la vi hace unos 11 años y no recuerdo absolutamente nada de ella. Sólo que el final y toda la película en sí me dejó loco. Estupidez humana. El chavalote ha regresado a las pantallas con una película de ciencia ficción pura y dura. @andmolcua y yo fuimos a verla ilusionados porque, sinceramente, el trailer acojonaba tela marinera. Se nos presentaba una especie de 'Species' (valga la redundancia), pero esta vez en plan serio y sin que nadie se f*llase al Dr. Octopus. La bicha que aparecía pintaba ser una de las criaturas más inquietantes que viésemos nunca.

Como ocurre siempre con el Marketing (de quien Shyamalan es su máximo sufridor) han vuelto a vender una película de forma errónea. Porque Splice no se trata de una cinta de terror, se acerca más al drama, al drama de dos padres intentando cuidar de su hija. Evidentemente el elemento fantástico se encuentra ahí, pero para eso está la ciencia ficción: para hablarnos de nuestro propio presente con elementos que no podrían pertenecer a él. 

En Splice se nos cuenta la historia de una pareja de científicos que, combinando ADNs de varias especies, logran bichejos nuevos que permitirán que la industria farmaceútica desarrolle nuevos y revolucionarios medicamentos. La corporación decide cerrar el laboratorio y abrir nuevas vías de negocio. Pero la chica (una fría pero muy convincente Sarah Polley) en su afán de querer experimentar y de ser madre decide combinar ADN humano con todos estos bichos. ¿El resultado? Dren, una monstrua de lo más desagradable al principio, de lo más adorable después y de lo más fogosa al final (interpretada por una misteriosa y apasionante Delphine Chanéac).

Lo mejor de la película es palpar cómo la pareja ama y odia (y viceversa) a su propia creación, ver esas discusiones de pareja porque uno de ellos críen o malcríen a sus hijos y por todo lo malo que va a ocurrir. Cuando la criatura va creciendo (le salen tetillas y tal) y pasa de ser una niña adorable a una adolescente tocacojones es cuando cambian las tornas y la cosa se pone interesante, creándose uno de los triángulos amorosos/incestuosos más fantásticos y desagradables que se han visto nunca, llegando a haber dos perras peleadas por el mismo hombre y, casi al final, ¡dos hombres peleados por la misma perra! Jamás la depravación dio para tanto (los últimos 15 minutos son una animalada en todos los sentidos).


Podría decirse que la película tiene dos mitades muy bien distinguidas y separadas, pero con el gran fallo de que todo lo relacionado al granero se vuelve más comercial y el director intenta tirar por algo que los espectadores no le hemos pedido: el terror chungo/adolescente de sustos con violines. A partir de esto la película se vuelve más convencional, pero aun así es la que mantiene toda la trama del triángulo ¿"amoroso"?.

LO MEJOR: Dren, un personaje que nos levanta todo tipo de sensaciones: es imposible no tener repulsa por su fase de pollo asado, imposible no sentir compasión por ella cuando es niña ni, finalmente, que no nos ponga cachondos en su fase adulta. Además, los efectos con los que se ha creado al personaje son perfectos, un claro ejemplo de efectos al servicio de la historia (y no al contrario)

LO PEOR: Los últimos 10 minutos que transcurren en el bosque, completamente comerciales y que parecen dirigidos por Wes Craven.

LA ESCENA: Adrien Brody haciendo que Dren, aún pequeña, vuelva respirar en la bañera. La decisión que toma y su posterior reacción es tan fantástica que no la desvelaré.

Podríamos calificar a Splice como un drama familiar de la mejor Ciencia Ficción, mal vendido y no merecedor de su mala distribución, pero con una apasionante historia que según crecen los personajes va entretejiendo todo tipo de dilemas científicos (jugar a ser Dios) y morales (cómo críar a un hijo). Todo ello con unos magníficos actores (los tres), director y unos efectos puestos al servicio de la historia.