Desgraciadamente, cada dos o tres semanas suelo dar la enhorabuena a las distribuidoras cinematográficas españolas en mi cuenta de Twitter con tuits como este:


No es la primera vez -ni la última, me temo- en que felicito a las distintas distribuidoras por retrasar los estrenos y permitir que el internauta pueda descargarla en alta definición, en un ripeo directo del Blu-Ray, y verla cómodamente en su casa. Y Anna Karenina es el último ejemplo de los muchos que ha habido a lo largo de los últimos meses: El Vuelo (Flight, estrenada en EE.UU el 14 de octubre), Dando La Nota (Pitch Perfect, que se estrena en España el próximo 8 de marzo y en USA lo hizo el pasado 28 de septiembre) y El Atlas de las Nubes (Cloud Atlas), que hemos tenido que esperar desde el 26 de octubre en el mercado estadounidense hasta el 22 de febrero. Y como estas podría enumerar 20 más.

Vaya por delante que, puesto que título que veo la voto en una lista de IMDB, me he tomado la molestia de contabilizar las película que fui a ver al cine el año pasado y me ha salido un total de 54 veces en el 2012, casi a más de una sesión por semana de media. Así que nadie me venga con ese argumento falaz que con mis descargas estoy matando al cine, ya que debo ser de los pocos en este país que le da de comer. Hagan cálculos de lo que me ha debido de costar mi amor por el cine, que yo no los hago por miedo.

Ante la insistencia y las malas estrategias comerciales de las distribuidoras de este país llamado España, que éstas no duden ni por un momento que, en cuanto se me presente de nuevo la oportunidad de descargarla en alta definición y disfrutarla cómodamente en el salón de mi casa con un Sony Bravia de 40" y un Home Cinema que da pánico, pienso volver a hacerlo. Pienso volver a hacerlo porque, tras haber ido más de 50 veces en el último año, me veo en el derecho moral (¡y legal!) de hacerlo sin remordimiento alguno. Con estas condiciones tan óptimas, lo único que cambia de la experiencia cinematográfica es el posterior debate cuando sales de la sala: en vez de con los amigos lo hago con mi madre o con mi vecino. Y el cambio no desmerece en absoluto.

No solamente me he cansado de la espera de muchos títulos, sino que en el juego con los exhibidores tampoco es que los espectadores hayamos salido ganando. Desde la subida del IVA en septiembre, el cine en mi ciudad cuesta la friolera de 8€. Y eso que es de las ciudades más baratas. Todavía recuerdo con dolor cuando en 2002, recién entrado el euro, cada sesión costaba apenas 3.80€, no más. Desde entonces, el disfrutar del cine se ha convertido en una escalada cuesta arriba, donde los precios se han vuelto astronómicos y los servicios de las salas se han mantenido idénticos con el paso del tiempo. Con el agravante añadido que ir al cine hoy día es una lotería para que no te toque una sala sucia, llena de palomitas, con un suelo pegajoso, con proyectores deficientes o con la peor de todas las maldiciones: espectadores maleducados que no saben respetar la proyección de la película. Tanto distribuidores como exhibidores me están invitando a que, con estas condiciones, no vuelva jamás. Pero, por desgracia, el cine me gusta demasiado como para no hacerlo.
Entiendo que, por pura estrategia comercial, haya películas que interesen estrenarlas más en unas fechas que otras. Por ejemplo, a nadie se le ocurriría estrenar Spider-Man o Los Vengadores en pleno febrero. O Polar Express en agosto, por poner otro extremo. Entiendo que en la carrera de los Oscars y los Globos de Oro el grueso de películas nominadas se estrenen por estas fechas, pero otro asunto muy distinto es que nos tomen por tontos y nos hagan esperar casi medio año. Vivimos en el 2013, en una época donde el lanzamiento de un tráiler es casi un evento mundial que poco tarda en convertirse en trending topic. Durante meses nos inundan de material, noticias, clips, fotografías, etc. ¿Cómo no va(mos) a tener ganas de ver la película cuanto antes? ¿Acaso las de superhéroes son el único genero tan lleno de hype con el que las distribuidoras no se la juegan a retrasarlas?

Además, con la adaptación digital de las salas, no entiendo por qué no se estrenan los títulos con más prontitud. Seguramente, todavía haya cadenas de cines en las que reciben las copias en digital físicamente mediante discos duros en vez de descargas cuando su coste de distribución podría ser cero patatero.  ¿Me equivoco? Apuesto a que si hubieran tomado estas medidas para estrenar Prometheus en junio en vez de en agosto (como hicieron) hubieran tenido mucho más éxito en nuestro país.


En definitiva, mucho me temo que seguiré yendo al cine porque me gusta demasiado, e intentaré buscarme los mejores precios y ofertas. Pero que distribuidoras y exhibidores no duden que, mientras sigan aplazando sus estrenos y no bajen los precios, en cuanto vuelva a encontrarme títulos que pueda disfrutar en Alta Definición en mi casa antes de su estreno en salas volveré a hacerlo. Y os invito a todos vosotros a que también lo hagáis.