No miento al decir que durante estos meses le he tenido auténtico pavor a ese producto que se me presentaba en las carteleras llamado 'Los Juegos del Hambre'. ¿Por qué? Porque conociéndome los mecanismos de producción de Hollywood, esta nueva franquicia tenía todas las papeletas para rellenar el hueco que dejaron (y dejarán) las sagas de Harry Potter y Crepúsculo, películas para adolescentes que leen sus primeras novelas. ¿Y qué se nos presentaba? Como sintetizó @chococriskis: "Los Juegos del Hambre es la versión novela juvenil de Battle Royale con algo de 1984, con mucho romance teen. Agitado y servido con hielo." (luego te das cuenta que a esa ecuación hay que sumarle otras como El Show de Truman, Gladiator y la puntería de Robin Hood). Si a todo este conjunto le servimos un disco con nuevas canciones de Taylor Swift, Arcade Fire y Maroon 5 el pánico estaba servido. 

Poco ayudaba la noticia lanzada en diciembre que James Newton Howard (compositor de todas las películas de Shyamalan) sustituiría a Danny Elfman en el apartado instrumental, puesto que yo ya me estaba imaginando adolescentes que brillaban por el bosque y luchaban por su amor entre machetazos. En cambio, sorpresa la mía, ninguno de los autores que rellenan sin sentido el disco "Songs From District 12 And Beyond" suena hasta los créditos. A lo largo de todo el metraje lo único que escuchamos es el buen hacer de James N. Howard, con su ambiental, íntima y -a veces- espectacular música. Ambiental en la mayoría de las escenas, íntima en la sobrecogedora escena de la participante del Distrito 11 y ESPECTACULAR (así, con mayúsculas) en la entrada de las carrozas. No la desvelo, solo diré que ya quisieran los Juegos Olímpicos de Londres contar con semejante entrada y semejante canción.

Este hecho hizo que toda mi concepción sobre el producto cambiase y los creadores me demostraron que querían hacer un producto cinematográfico de calidad, no simplemente estar al servicio de las ventas en iTunes. A pesar de la -por momentos- horrible dirección de Gary Ross (quien juega a ser Paul Greengrass y juega muy mal, por cierto) la película es un blockbuster de calidad que no aburre en ningún momento de sus más de dos horas de duración


Todo el peso recae sobre Jennifer Lawrence, quien aguanta el tipo con profesionalidad, simpatía y emoción en absolutamente todas sus escenas. Ella es la película y la película es ella, no podían haber escogido una actriz mejor y nos demuestra que es la que tiene más talento de toda su (nueva) generación. A excepción de Josh Hutcherson, quien también aguanta el tipo, el resto del reparto nos la trae al pairo que los maten o no. De hecho los guionistas son inteligentes en llamarlos por números. Quizás las caras famosas (Woody Harrelson, Elizabeth Banks, Donald Sutherland, los pelazos de Stanley Tucci, Toby Jones y la barba perfilada de Wes Bentley) dejen un regusto extraño de estar ahí por el suculento cheque, pero ninguno de ellos demuestra el gran talento que sí poseen los actores jóvenes.

Cuando termina la cinta nos quedamos con una buena experiencia de que al final no resultó ser el producto teen de consumo en masas que podíamos esperar. No me importa que no me hayan contado los detalles sobre esa videocracia y esa sociedad totalitaria que plantea la cinta, no tengo prisa por saber qué llevo a 12 distritos a rebelarse y cómo llegaron a ese estado que, por cierto, guarda similitudes con el futuro que nos puede esperar. Tan solo espero que mejores directores de Ross (se rumorea que el próximo sea Francis Lawrence, uno de los directores más inteligentes que tiene Hollywood hoy día) me lo cuenten en siguientes entregas.