Lo que más me llamó la atención de Un Dios Salvaje (Carnage, Roman Polanski) fue que los créditos finales duraban casi 5 minutos. Cinco minutos de nombres de gente pasando mientras yo me preguntaba perplejo: ¿Cómo es posible que en esta película haya trabajado tantísima gente si la acción transcurre en dos habitaciones? Que estamos hablando de un proyecto europeo que traslada una obra de teatro, que no tienes que cortar el centro de Chicago para reventarlo a explosiones, precisamente. Solo hay un escenario, hubiese sido rodada perfectamente con una sola cámara, no hay música y lo más espectacular en el diseño de vestuario es que los actores se quitan y se ponen los abrigos. A fin de cuentas: la producción de esta película es muy sencilla.

Más me sorprendió cuando investigo por Internet y descubro que, según datos de IMDBPro, Carnage ha costado la friolera de 25 millones de dólares. Y vuelvo a preguntarme, perplejo: ¿en qué!? Si me dices que cada actor ha cobrado 5 millones (ni locos, estamos hablando de producción europea) entonces podría creérmelo. Pero me siguen sobrando cinco millones que no tengo ni idea en qué se han podido ir. Al igual que dudo mucho que el coste de copias vaya dentro del presupuesto. Me pregunto de nuevo en qué se ha ido tanto dinero.


Por otra parte, vuelvo a consultar y me quedo de piedra al descubrir también que la última de Crepúsculo ha costado otra friolera de 110 millones de dólares, y no es que la película tenga ninguna escena espectacular. Está rodada en 2 platós, alguna que otra escena en el bosque, un par de planos en las calles de Río de Janeiruna esquina de Boston y unos efectos especiales de vergüenza. En esta película si es lógico que las estrellitas de turno quieran llevarse su parte de pastel y que la publicidad cueste, pero Crepúsculo empezó siendo una producción "independiente" o de bajo presupuesto (¡Ja!) Pero lo que no me explico es lo de Carnage. Esto te lo hubiesen cogido tres electricistas, seis carpinteros y un par de técnicos más de Estudio 1 y te lo montan por cincuenta mil duros de los de entonces.

En fin, no saquemos conclusiones obvias cuyos resultados nos imaginamos. Ya que estamos aprovecho para colar mi crítica de Un Dios Salvaje, resumible en:
  • Lo mejor: los actores, sin duda alguna. Son cuatro monstruos que suman cuatro Oscars y nueve nominaciones más entre todos y hacen que el espectador se lo pase en grande. Polanski sabe llevar buen ritmo y dónde poner la cámara, pero todo el peso de la función corre a cargo de los actores, no del director.
  • Lo peor: la duración. Dura poquísimo, cuando a la hora y cuarto el plano se corta abruptamente la mandíbula se le descompone a todos los espectadores preguntándose: ¿¡Ya?!? Te lo has pasado tan bien que echas de menos otro cuarto de hora de risas. Amén que duele comprobar que la entrada te sale a más de 8 céntimos el minuto. Ni los parkings del centro ni una película de esta envergadura cuesta tanto.