Solo Dios sabrá por qué, pero hay géneros cinematográficos que cada día van cayendo en la más absoluta de las miserias. Hace días comentábamos que uno de ellos era la comedia, esa inteligente vía de escape que ha caído hasta el absurdo, lo fácil y lo burdo. Desgraciadamente no es el único, puesto hay otro género que ha tocado fondo, llegando hasta lo más bajo. Y este sí que me duele de verdad: el género de acción.

Los estudiosos de la Historia del Cine y supuestos 'sabios' consideran a los años 80 como la peor década que ha dado jamás la cinematografía. Cada vez que agarro mi DVDteca y me revisiono Regreso al Futuro o Cazafantasmas (no necesito más), las imágenes hablan por sí solas y callan a los cahieristas. El tiempo pondrá a cada uno en su sitio, ya lo veréis. Pero mal que me duela, por muchos Mercenarios que se rueden, los Stallone, Schwarzenegger y los Willis tuvieron una época, con un principio y un final, no los intentes revivir porque quienes verdaderamente faltan son los maestros que había detrás de ellos: faltan los Camerons, faltan los Woo, faltan los McTiernans; directores que eran genios de la planificación, la espectacularidad y el montaje. Cada plano, cada explosión, cada línea de diálogo emocionante estaba milimétricamente medida para causarle la mayor tensión al espectador, para hacerle vibrar ya fuese en la pantalla grande o en las reposiciones televisivas.

En el pasado post, solo fui capaz de nombrar 5 comedias dignas de la última década. Para el género de acción pura y dura solo soy capaz de nombrar... ¡¡UNA!! ¡Una película nada más! Por supuesto, no es otra que Casino Royale. Martin Campbell volvió a renovar la saga de 007, ofreciéndole una nueva personalidad al héroe (un soberbio Daniel Craig, alejándose del Brosnan que sacaba gadgets hasta de los bolis y convirtiéndose en un agente que recibía hostias hasta en el cielo la boca) y retomando esa planificación que hacía 10 años que no se veía en pantalla: volvieron las persecuciones auténticas, los planos de más de dos segundos, los planos generales, el buen guión, el montaje inteligente, la música espectacular de fondo... LA ACCIÓN, en una sola palabra. Desgraciadamente, el buen saber de la primera entrega no siguió en aquella espantosa secuela.


Muchos opinaréis que a lo largo de los últimos 10 años sí ha habido género de acción bueno. ¿Se os ocurre alguien que no sea Paul Greengrass y sus famosos Bourne? Porque a mí ese no me vale, señores. El estilo de Greengrass me parece igual a que si te azotaran una persiana delante de tus narices: no ves absolutamente nada. Y como él ha habido muchos que lo han imitado a lo largo de estos años, empezando por mi idolatrado Michael Bay -y sus erróneas decisiones a la hora de rodar Transformers- y terminando en Ridley Scott, que lo único que sabe hacer es rodar a velocidad a velocidad de obturación alta y a echarte tierra a la cara con contraste alto. El último ejemplo es Battle: L.A. que, a pesar de ser muy entretenida, es mareante. De la saga Crank mejor ni hablamos.

¿Qué pasa hoy en día? ¿Por qué no funciona la acción que sí funcionaba en los 80 y 90? ¿No se puede planificar con inteligencia y hacer planos de más de 3 segundos? Cameron hizo esto en los últimos 20 minutos de Avatar y le dio un repaso a todos los Peter Jacksons y Burtons que nunca han sabido cómo filmar una batalla. ¿Qué le ha pasado al héroe en la última década? Parece ser que si no proviene de un cómic no tiene sentido que un actor empuñe un arma para entretener al público. O a lo mejor está mal visto ya, quién sabe

¿Qué le ha pasado al género en sí? ¿Tanto cuesta impresionar hoy día? Porque si la escena está bien hecha, a mí con que un tío persiga a otro corriendo por todo Madagascar o por un aeropuerto me basta. Siento haber generado más preguntas que respuestas, pero es que me da mucha lástima solo poder enumerar una película.