Hoy se estrenan numerosas películas, entre las que hay que destacar La Red Social, la última entrega del genial David Fincher, que está causando furor allá donde se estrena. Milagro es que no termine teniendo 500millones de espectadores, como el propio Facebook. Pero, si no podéis asistir a las salas, os animo valientemente a que os descarguéis 'Híncame el diente', una de las últimas mierdas (y genialidades) que ha parido la factoría Friedberg y Seltzer, de visionado obligatorio. Os explicaré por qué.

De entre todas las películas de parodias que se han hecho estos últimos 10 años a raíz de los creadores de Scary Movie, muchas han sido auténticos bodrios simplemente oportunistas: primero comenzaron riéndose con acidez y mala leche del cine de terror con la saga de las Scaries, pero luego terminó siendo un simple producto que debía ser estrenado religiosamente cada año, con auténticas paridas como Date Movie o la últimaqueyanimeacuerdo. De todas maneras, podemos decir que 'Híncame el Diente' es la única de todas ellas que tiene una verdadera función social. Función en el sentido de despertador de mentes infantiles y desequilibradas que todavía puedan disfrutar con la saga Crepúsculo, una de las mayores locuras que ha parido el mundo de la literatura y el cine. Toda aquella adolescente con dos dedos de frente (público objetivo de esta demencial saga) que capte el sentido de Vampires Suck se dará cuenta de la soberana memez que representa lo escrito por Stephanie Meyer y lo filmado por 3 directores diferentes, en todos sus sentidos.

Híncame el Diente cuenta con todos los tópicos estúpidos del cine de parodias de los últimos años. Atrás quedaron ya las geniales e irreverentes sagas de Aterriza, Agárralo, Estafa y todos los 'como puedas' que Hollywood se inventó. En ellas se jugaba sobre todo con el humor visual y verbal. En cambio, en los últimos 10 años todo ha derivado en coger la película de turno, vulgarizarla y sazonar todas las películas con mil caídas tontas y mil puñetazos estúpidos que no vienen a cuento. El último ejemplo de vergüenza patria fue 'Spanish Movie', una película que ponía en bandeja reírnos de los tópicos de nuestro cine nacional y que, en cambio, terminamos imitando a estos productos sin pies ni cabeza. Todo un desperdicio.

Pero Vampires Suck cuenta con un gran acierto que, exceptuando las caídas tontas y puñetazos, ridiculiza hasta el extremo la historia de la saga de Meyer. En tan solo una hora y diez minutos de duración (no necesita más) es capaz de condensar las tramas y estupideces que transcurrían en dos entregas crepusculares, haciendo ver al espectador la sarta de tonterías que miles de adolescentes pre-hormonadas han lucido con orgullo en carpetas y paredes. Vampires Suck es una película que sabe de qué se está riendo. Desde una actriz en estado de gracia que imita a la perfección (y con la boca abierta) a la inexpresiva y andrógina Kristen Stewart hasta un Edward Sullen soberbio, mucho más realista y consciente de lo que está haciendo de lo que jamás lo estuvo Robert Pattinson.

Equipo-Edward
Si hay dos momentos en especial que me gustaría remarcar es que, para sorpresa de todo fan crepuscular, Muse vuelve a sonar en la banda sonora, con el mismo tema que utilizó en la primera entrega, riéndose hasta de ellos mismos y aceptando el patético destino que aceptaron cediendo canciones en cada película. Ellos mismos reconocen la chorrada en la que se ha convertido este producto "vampírico" (por llamarlo de alguna manera) y ahora no dudan en insultar a lo que ellos mismos ayudaron a crear. De hecho, el motivo felino por el cual suena 'Supermassive Black Hole' es tronchante, no voy a desvelarlo. Y, como broche final, decir que el plano que cierra la película es uno de los mejores cierres que jamás he visto en el cine, capaz de resumir toda una saga de películas y libros estúpidos en una sola frase.

P.D. Muchos me criticarán por no haberme leído los libros. No pienso hacerlo, me niego. No conozco todavía a nadie de mi edad en el pleno uso de sus facultades mentales que me haya dicho que son buenos. Soy de esos que confían en el dicho "si ya tiene mierda la barra (las películas), ¡no me quiero ni imaginar el sótano!".