Hace una semana dejamos a medias tintas el post de Lisboa, esa capital antigua, preciosa, delincuente, cosmopolita, integradora... Pero no podíamos dejar el recuerdo de la capital lusa en esos pocos detalles. Habría que hablar hoy un poquito más de otras cosas que podemos encontrar en la ciudad y que harán las delicias de los viajeros

BELÉM
Pongámonos la mano en el corazón y reconozcamos que la zona de Belém no es famosa porque tenga el impresionante Monumento Aos Descobrimentos (una impresionante mole de piedra -preciosa, eso sí- que bien se nota que fue mandada construir por un dictador). Belem no es famosa porque tenga la Torre de Belém ni el Monasterio de los Jerónimos, ambos claros y bellísimos representantes del arte manuelino. No, queridos lectores, Belém es famosa por sus pastelitos!!

Entre todo el centro turístico nos podemos encontrar con la famosísia cafetería Pastéis de Belém, donde nos podremos jincar los famosísimos y riquísimos 'Pasteles de Belén'. Se tratan de media bolita de hojaldre que dentro está relleno de una crema pastelera propia, como la que nos podemos encontrar en los cañones de Bollilandia. La gracia es adentrarse por los múltiples salones de la pastelería (que tiene las dimensiones de 4 o 5 chalets todos juntos, el dueño fue comprando casas y terrenos colindantes y ampliándola, una exageración) y pedírselos recién hechos. Una vez que te los trae el camarero los bañas de azucar glass y canela hasta las cejas y a disfrutar del manjar lisboeta por excelencia. Aquellos que viajen en parejas cuidado con la canela, no vaya a ser que después de Belém tengan que volver al hotel.

CENTROS COMERCIALES
Los lisboetas nos llevan años de ventaja en la conducción alocada y en el consumismo masivo. Hay 3 centros comerciales significativos en la ciudad, que son el Vasco de Gama (en la zona de la Expo, muy grande y bonito), el Campo Pequeño (¡¡una plaza de toros reconvertida en centro comercial!! No la pudimos visitar, pero tiene que ser impresionante que el burladero sea un Bershka y la enfermería un Calzedonia) y, finalmente, el Colombo, que será donde me detenga.

El Centro Comercial Colombo es la mayor burrada que hemos visitado nunca. Por primera vez en mi vida comprendí ese sentido tan americano de 'pasar el día en el centro comercial'. Tanto es así que entramos a las 10.00AM y no salimos hasta casi las 16.00, aburridos ya de ver tiendas y con las piernas cansadas (no exagero si digo que anduvimos 4 o 5 kilómetros, peor que un futbolista). El centro tiene más de 400 tiendas y 100 sitios diferentes donde comer. Con este comentario que me dispongo a hacer no pretendo ser ni sexista ni machista, pero haceros una idea que nosotros éramos 2 tíos comunes visitándolo y tardamos casi 6 horas, porque la mitad de las cosas ni nos interesaba. Imaginaos 3 mujeres la que pueden liar allí. Las tiene que echar el vigilante de seguridad. Así que repito: Aquellos que viajen en parejas cuidado con el Colombo, llévense un libro.

EXPO'98
Es la zona más bonita y cuidada de toda la ciudad. Hace 12 años fue la Exposición Universal que conmemoraba los océanos, y por aquel entonces (al igual que le ocurrió a Sevilla y a la mentalidad española) a la ciudad se le pegó un lavao de cara que no la reconocía ni el Alcalde. Y quedó una zona moderna, futurista e impresionante al lado de la desembocadura del Tajo.

A diferencia de Sevilla, los lisboetas sí que han sabido aprovechar los terrenos, no como nosotros que tenemos la Cartuja muerta de risa y a las 22.00 cerramos las verjas (vergüenza). Esta zona de la ciudad guarda el CC Vasco de Gama, cientos de pabellones (acondicionados turísticamente, como el Oceanário) y decenas de jardines y fuentes donde no sólo se ve un cuidado y respeto por el ambiente, sino una mentalidad totalmente diferente. Tras subirnos en el telecabinas nos tumbamos en los jardines a -simplemente- ver atardecer, mientras cientos de turistas también descansaban y muchísimos niños jugaban. Esto en Sevilla sería impensable, a los 2 minutos ya habrían venido 3 gitanas vendiendo romero, otros 3 rumanos tocando e incordiando y milagro es si una pandilla de niñatos no te jode la tarde o no te roba la mochila. Comprendí el respeto que esta ciudad le tiene al turista. Qué envidia sentí por la ciudad de Lisboa en aquel momento, pensando en lo que nunca podrá tener la mía.

TAUROMAQUIA Y LISBOETAS
Ya para finalizar este post, querría despedirlo con un toque de humor sobre las dos últimas cosas que me llamaron la atención. Una de ellas fueron las corridas de toros, que allí también hay, pero con la diferencia que al toro nunca lo matan y que los toreros lusos están para que les pongan una camisa de fuerza. Mejor verlo que explicarlo.

Y cómo iba yo a despedirme de la ciudad sin hablar de las mujeres. Antes de visitarla mucha gente me había dicho que las lisboetas no eran las más bellas del globo, precisamente. Vamos, que las que yo me iba a encontrar eran las del refrán ese que dice que a la mujer bigotuda desde kilómetros se le saluda. Pero no fue para tanto, hombre. Hay que reconocer que a muchas chicas les gusta la 'naturalidad' y que otras tienen un cierto nivel de jaquetonidad curioso (porque muchas descienden de brasileños), pero aun así las chicas son igual de guapas y preciosas como lo sois todas, queridas lectoras mías. Toma piropo que os acabo de soltar!!