Hoy abrimos una nueva sección en el Blog, que la titularemos la Guía del Viajero Sincero. Dicen que el mundo es un libro, y que aquellos que no viajan sólo leen una página. Pero cuando viajamos no todo es de color de rosa. Cada ciudad tiene sus cosas magníficas, muchísimas, pero hay otras que no sabemos si llevarnos las manos al corazón o la cabeza. Y nuestra aventura bloguera la comenzaremos con Lisboa. La aventura completa la dividiré en dos post, para que no resulte tan pesado.

Lisboa, para quien falle siempre los quesitos azules del Trivial, se trata de la capital de nuestro país vecino: Portugal, ese país del que no sabemos nada excepto que le ganamos en el Mundial y que las toallas son muy baratas -aunque ahora con el euro ya no lo son-. Lisboa es una ciudad plenamente consciente de que sus ingresos provienen del Turismo, porque apenas tienen otra cosa.

CARRETERAS
Lo primero que uno percibe al entrar en el país (en mi caso fue por Huelva) son dos cosas: Que los portugueses conducen como p*tos zumbaos y que, aun siendo autopista, no saben hacer rectas, las carreteras tienen más curvas que los toboganes del Guadalpark. Digo lo de zumbaos porque allí la gente no baja de los 145Km/h. Y el carril izquierdo, el que usamos para adelantar, es de uso y dominio exclusivo portugués: si adelantas a alguien a tu velocidad normal, pongamos a unos 125-130Km/h en unos 10 segundos tendrás un BMW X5 detrás tuya que se te pega al morro y empieza a hacerte largas. La distancia de seguridad es un mito para ellos, como puedan ser los Gremlins o los esquimales. En serio, las carreteras son peligrosas no por las infraestructuras, sino por la mentalidad de los portugueses: no es raro verte en menos de 100 metros a 4 o 5 coches pegados uno a los otros intentándo adelantarse mutuamente a 140Km/h. El día que a uno de ellos le dé por frenar convertirán todo en un acordeón digno del mejor Yann Tiersen.

Post Data: si viajáis desde Huelva hasta Lisboa id preparando 18 lindos euros, es lo que os cobrarán en la Autopista lusa. Tan barata. Y otros 18 a la vuelta, qué os creíais.

UNA CIUDAD VIEJA
Me hubiera gustado llamar a este apartado "una ciudad antigua", pero no puedo. Lo siento, a mí no me vale con que la gente me diga que como está pegada al Tajo hay mucha humedad y por eso los edificios están así. El centro de Lisboa, aun estando lleno de vida, se ve viejo, decadente y descuidado. Se equivocan creyendo que las fachadas puedan tener ese aire de los veinte típico de la Barcelona más zafonista. Las fachadas se caen a pedazos por sí solas, están cochambrosas. Yo veo eso y a mí no me da ninguna imagen buena, es más, puedo pensar todo lo contrario (de hecho lo pienso).

UNA CIUDAD NUEVA E INTEGRADORA
No creeríais que como soy bloguero lo único que iba a hacer sería poner a parir la ciudad. Lisboa tiene cientos de cosas magníficas que ver, sentir y visitar y que comentaremos en post venideros. Cuando uno pasea por sus calles se cruza con multitud de personas de multitud de sitios: Lisboa es una ciudad totalmente cosmopolita, donde la inmigración ya no es un problema y está totalmente aceptada por todos.

UNA CIUDAD PARA CONSUMIR DROGA
Otro de los aspectos más curiosos, sobre todo para el viajero joven, es que en Lisboa te ofrecen droga cada dos por tres (seis). La Rua do Augusta es la calle más céntrica y principal de todas. Y fue allí donde, a plena luz del día, nos ofrecieron unas bellotacas de hachís que daban miedo. Nos decían que tenían buenos precios (algo lógico, ¡estamos en Agosto y es época de rebajas!). Pero al igual que con la misma amabilidad que nos ofrecían nosotros declinábamos y tan amigos. Se van a por otro cliente potencial, son vendedores natos. Lo que no tienen muy afinada son la lógica de venta, puesto que a mi amigo Fernando uno de estos chavales tan amables le preguntó: 

- ¿Chocolate? ¿Hachís?
- No fumo -contestó Fernando.
- ¿Cocaína?! ¿Farlopa?!? Era algo natural, si mi amigo no fumaba lo lógico es que las lomas se las meta por la nariz de tres en tres.

Y eso era a plena luz del día. Por la noche, si viajáis al Bairro Alto, donde se concentra la movida/botellona juvenil y los auténticos sitios de Fado, os seguirán ofreciendo indiscriminadamente. Preguntamos a un amigo si aquello era normal y nos dijo que sí, que allí la Policía pasa olímpicamente del tema. No sé porqué no me sorprendió. Lo que si me sorprendió, y me mosqueó muchísimo, es que para llegar al Bairro Alto fuimos en coche e, intencionadísimo, aparqué mal en un sitio donde "no debía", ya que estaba reservado a residentes. Yo recé para que no mirasen mi matrícula y para que a la vuelta no me encontrase la receta colocada en el parabrisas. Pero este amigo nuestro, que era el guía del grupo, nos dijo que allí no ponían multas, que lo que te calcan es un cepo para que a la mañana siguiente vayas a la oficina a pagarlo y luego, tras soltar la dolora, te tires todo el día esperando al colega a que te lo quite (y si es que viene). Vamos, igualito que Homer Simpson en Nueva York. Cuando volvimos al coche ni teníamos multa ni cepo. Y menos mal, porque tendría muchísimos cojones que la "autoridad" me inmovilizase el coche por aparcar mal cuando permiten que vendan droga a plena luz del día y a miles de personas sin que se les diga nada. No me parecería justo.

Y mañana más señores: seguiremos hablando de sus cuestas, del fado, de los tranvías, del Castillo de San Jorge, de los Pasteles de Belem y de todo lo malo y bueno de la ciudad.