Jamás pensé que en una pacífica noche de chino, peli(s) y música terminaríamos viendo una mantá de depravados, mongolos, vouyeristas... y penes. Muchos penes. De hecho la primera imagen que vimos fueron los pendientes reales de algún taiwanés (suponemos, porque al verle sólo sus partes íntimas no pudimos concretar de qué país era, los cojones peludos no entienden de nacionalidad, no me seáis racistas).

CHATROULETTE. Para aquellos que no conozcan esta nueva herramienta de la Web 2.0 os contaré que supone toda una revolución: para el entretenimiento, para los pedófilos y para atentar contra todo tipo de leyes. El funcionamiento es muy sencillo: te conectas a la web, le das permiso para que se te active tu cámara web, el servidor busca alguien con quien chatear al azar... y que gire la ruleta, suerte a ver quién te toca. A lo mejor es que, como las ruletas de los casinos (po ya sabéis), nosotros no tuvimos suerte, puesto que solo nos encontramos tíos como nosotros: unos de fiesta, otros solos ante su pantalla muy aburridos y con la vana esperanza de encontrar una fémina en el otro lado, y penes. Muchos penes. Quizás a otras horas hay gente interesante con quien chatear al azar: doctores en filología inglesa, abogados, investigadores del CERN... quién sabe.

Muchos se estarán preguntando para qué sirve esta web. Funcional y seriamente hablando diré que PARA NADA. Si alguien es capaz de decirme para que sirve yo seré el siguiente que se ponga en pelotas ante la cámara, lo juro. Pero si hay que buscarle otra utilidad diría que es la página web perfecta para conectaros en casa cuando arméis una fiesta con los amigos y para hartaros de reír con la gente que os toque. Además que es divertidísimo intentar entablar conversaciones con americanos que no te entienden (y que ellos están todavía más borrachos que tú).

Como crónica final diré que basta con mirar la captura que hemos adjuntado: nuestras caras lo reflejan todo.